<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?> <feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"> <title>EL COMBATE DE LAS PIRAGUAS</title> <link rel="self" href="null/-/wiki/45176" /> <subtitle>EL COMBATE DE LAS PIRAGUAS</subtitle> <id>null/-/wiki/45176</id> <updated>2019-11-19T15:38:37Z</updated> <dc:date>2019-11-19T15:38:37Z</dc:date> <entry> <title>EL COMBATE DE LAS PIRAGUAS 1.0</title> <link rel="alternate" href="null/-/wiki/45176/EL COMBATE DE LAS PIRAGUAS?_36_version=1.0" /> <author> <name>Desarrollo Test</name> </author> <id>null/-/wiki/45176/EL COMBATE DE LAS PIRAGUAS?_36_version=1.0</id> <updated>2015-07-30T15:34:08Z</updated> <published>2015-07-30T15:34:08Z</published> <summary type="html">&lt;p&gt;Cambio tan radical llenó de contento al cacique, a los &lt;em&gt;behiques &lt;/em&gt;y ancianos, y veían en los beneficios recibidos la mano protectora del &lt;em&gt;Cemí&lt;/em&gt;. Por su parte las hacendosas indias seguían regando con esmero a la majagua, el árbol protector de la fidelidad conyugal. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin embargo, los siboneyes de Jagua no abandonaron por completo sus fiestas y diversiones. Celebraban periódicamente sus &lt;em&gt;batos&lt;/em&gt;, o juegos de pelota en el &lt;em&gt;batey&lt;/em&gt; del poblado. Dos eran los grupos contendientes, que se lanzaban del uno al otro la pelota fabricada con resina, dándole los jugadores, en el aire, con las manos o las piernas. De vez en cuando tenían lugar los &lt;em&gt;areitos&lt;/em&gt;, en celebración de sucesos notables; pero se procuraba no abusar de tales fiestas, que podían tener efecto enervador. En cambio, se celebraban con más frecuencia los simulacros del bravo &lt;em&gt;Ornoya&lt;/em&gt;, que había tenido ocasión más de una vez de poner a prueba su valor y el temple de su alma, en fieros combates con indios enemigos, ganando merecida fama de hábil e invencible guerrero. Cuantas veces el suelo patrio estaba amenazado de una agresión &lt;em&gt;Ornoya&lt;/em&gt; era nombrado por el cacique jefe de los guerreros encargados de repeler a los agresores. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;  &lt;/p&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt; &lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;p&gt;El principal cacique de una de las islas Lucayas, Ornocoy, viejo zorro muy ducho en el arte de la guerra, del pillaje y del saqueo, deseoso de aumentar su botín y el número de sus mujeres cautivas, preparó una expedición pirática al puerto de &lt;em&gt;Jagua&lt;/em&gt;, cuyos moradores tenían fama de indolentes y de buscar los placeres del baile y del canto más que las durezas de la guerra. Reunió a su gente, bien armada de arcos, flechas, lanzas y macanas, y embarcándose todos en veinte largas y veloces piraguas, tomaron rumbo a &lt;em&gt;Jagua&lt;/em&gt;. La navegación es difícil y penosa, por lo bravío del mar, que juega con las frágiles embarcaciones; pero los &lt;em&gt;lucayos&lt;/em&gt; son tan hábiles marinos como esforzados guerreros, y en lucha constante con los elementos, arriban a las playas de &lt;em&gt;Jagua&lt;/em&gt;. Penetran decididos en su puerto, formadas las piraguas en doble fila, blanden en alto las armas, suenan los bélicos fotutos y asordan el espacio con sus gritos de guerra. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En una de las primeras piraguas va el viejo y fuerte cacique &lt;em&gt;Ornocoy&lt;/em&gt; de pie, pintado de negro y rojo el cuerpo, flotan en su cabeza airosas plumas y centellean sus ojos. En la espalda tiene el carcaj lleno de flechas, pende de la cintura el arco y lleva poderosa maza en la mano derecha. Tranquilo y sereno dirige a su gente, seguro de la victoria. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cundió la voz de alarma por el poblado de los siboneyes y se apoderó el terror y el espanto de los pacíficos moradores ante la inesperada aparición de los fieros lucayos. Las madres indias corren a sus bohíos y cargando con sus tiernos hijos se ocultan en las quiebras de los montes, mientras los hombres se dirigen de un lugar a otro sin acertar a tomar resolución alguna. El anciano cacique, viendo que no hay tiempo que perder, llama a su presencia al bravo Ornoya: &lt;/p&gt;&lt;p&gt;-Los de Ornocoy vienen en son de guerra, -le dice-para robarnos bienes y mujeres, después de matarnos. Nuestra salvación está en tus manos; ahí están mis guerreros; condúcelos a la victoria o a la muerte. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;A lo que contesta altivo Ornoya: &lt;/p&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;Por la diosa de Jagua te juro que, o mando al fondo del mar al jefe de los lucayos , o perezco en la demanda.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;p&gt;Corre en seguida a la playa, donde le esperan armados pero indecisos los guerreros; arrastran las piraguas al mar, embárcanse ágiles en ellas, retumban los caracoles, blanden lanzas y macanas y lanzan gritos de reto, avanzando al encuentro del enemigo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;También Ornoya, dirige y alienta a los suyos. Resalta su figura arrogante, de piel broncínea, adornada la cabeza de plumas blancas y azules, armada la diestra de robusta maza. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Terrible es el encuentro. Chocan las piraguas y se acometen con furia lucayos y siboneyes, a punta de lanza y a golpes de maza. Caen los heridos o muertos al fondo de las embarcaciones o en el mar; vuélcanse algunas piraguas, y sus ocupantes continúan luchando rabiosamente en el agua. El combate se mantiene fiero e indeciso por largo tiempo. El cacique invasor anima a los suyos y les da ejemplo de bravura blandiendo con singular acierto su terrible macana, que a cada golpe destroza un cráneo enemigo. &lt;em&gt;Ornoya&lt;/em&gt; compite con él en valor y fiereza, teniendo en su favor la juventud. Irritado por la persistencia de la lucha y queriendo darle una pronta solución, va decidido al encuentro del temido cacique. Hace maniobrar la piragua y logra acercarse a la que ocupa el jefe lucayo; enfréntase con él, y lo reta a singular combate. Acométense fieramente con las macanas. Esquiva &lt;em&gt;Ornoya&lt;/em&gt;, con rápido movimiento, un golpe del viejo guerrero, y de un salto, se precipita en la piragua enemiga, en alto la maza, que cae pesada sobre la cabeza del fiero cacique &lt;em&gt;Ornocoy&lt;/em&gt;, que vacila y cae, roto en cien pedazos el cráneo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La muerte del jefe, hizo que los &lt;em&gt;lucayos&lt;/em&gt; flaqueasen, mientras que los &lt;em&gt;siboneyes&lt;/em&gt;, enardecidos con el ejemplo  de &lt;em&gt;Ornoya&lt;/em&gt;, que cual genio de la destrucción siembra el terror y la muerte por doquier, redoblan sus esfuerzos hasta conseguir una completa victoria. Las piraguas enemigas que no habían sido destrozadas o volcadas, intentan huir, pero son perseguidas y apresadas. Los prisioneros ascienden a más de dos centenares, y entre ellos se cuentan seis caciques. &lt;em&gt;Ornoya&lt;/em&gt; da orden de volver a la playa, donde mujeres, niños y ancianos habían presenciado anhelosos el combate y ahora esperan alborozados a los vencedores, a los salvadores de J&lt;em&gt;agua&lt;/em&gt;. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La impaciencia hace bullir, gesticular y gritar a la muchedumbre que espera. Se acercan las piraguas de sus guerreros, en dos filas, llevando a remolque las vencidas. Destácase la hercúlea figura de &lt;em&gt;Ornoya&lt;/em&gt;, que cruzados los brazos y al viento las leves plumas de su erguida cabeza, asiste emocionado al júbilo de sus guerreros y sonríe a las demostraciones desbordantes del pueblo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;br/&gt; &lt;/p&gt;</summary> <dc:creator>Desarrollo Test</dc:creator> <dc:date>2015-07-30T15:34:08Z</dc:date> </entry> </feed> 